miércoles, 20 de septiembre de 2017

Sobre los archivos militares disponibles para el estudio de la GCE.

Durante los últimos 10 años he visitado de manera constante varios archivos militares en busca de documentación sobre la batalla de Brunete, los frentes de la zona Centro y la sanidad militar republicana durante la GCE. Junto a las muchas cosas positivas que me han aportado estos lugares, también he encontrado algunas carencias que a simple vista no me parecen tan difíciles de corregir. En eso se centra el presente artículo, pero antes de hablar sobre cualquier otra cosa, quiero empezar por resaltar, y mucho, la magnífica función cultural  que cumplen los numerosos archivos históricos, ya sean militares o civiles, públicos o privados, a los que toda la población tiene acceso pero apenas conoce.

Dentro de este amplio panorama de los archivos, voy a referirme solo a cuatro que conozco directamente, todos militares y públicos: Archivo General Militar de Madrid (AGMM, Madrid), Archivo General Militar de Ávila (AGMAV), Archivo Histórico del Ejército del Aire (AHEA, Villaviciosa de Odón) y el Centro Cartográfico y Fotográfico del Mando Aéreo (CECAF, base aérea de Cuatro Vientos).

AGMAV


Estos cuatro archivos militares, sin excepciones, están atendidos de cara al público por magníficos profesionales civiles y militares, tanto si se mira su disposición personal como su competencia profesional. Todos ellos conocen perfectamente la manera de buscar documentos dentro de sus fondos respectivos y ponen todo el interés en atender bien al investigador, en mi caso, reincidente. Siempre, y desde el primer día, he contado para hacer mi trabajo con el apoyo y la simpatía de los responsables de las respectivas salas de consulta y de quienes se encargan de la reproducción de documentos. En ciertas ocasiones, y dado lo poco frecuentados que llegan a estar algunos archivos, creo que esta actitud tan positiva se refuerza porque los investigadores ayudamos a aminorar con nuestra presencia una cierta sensación de soledad y de rutina que reina en las salas cuando estas permanecen abiertas pero sin usuarios, lo que lamentablemente pasa a menudo.

Destacadas tanto la actitud positiva del personal como el buen nivel de confort de las salas de consulta, enumero a continuación mis críticas y sugerencias, todas de carácter constructivo:

1.     En primer lugar, creo que a todos estos archivos les vendría bien contar con un mayor grado de conocimiento y estima por parte de las más altas autoridades civiles y militares de las que dependen. Bajo mi criterio, su actual situación de aguda austeridad de recursos y el escaso número de visitantes que reciben, se originan sobre todo en la escasa o nula promoción que se hace de ellos en medios académicos, universitarios, periodísticos o editoriales de dentro y fuera de España. Durante estos años, en ciertos momentos he tenido la  impresión (posiblemente infundada) de que las FFAA o el Ministerio de Defensa tienen en sus archivos históricos un “marrón” que deben atender porque sería impresentable su cierre, pero sin sentir por ellos un aprecio especial. Al menos en los tres archivos que están pensados para recibir público (AGMAV, AGMM y AHEA) se nota una falta de inversión que ralentiza sus posibilidades de desarrollo y actualización.

2.     Otro problema conocido, tiene relación con la gestión del tiempo y el grado de secreto atribuido a los documentos que deben desclasificarse. Tras un periodo de vigencia y utilidad operativa dentro de las instituciones públicas que los generan, los documentos pasan a ser guardados en  los almacenes de las mismas y después de ciertos años, son transferidos a los llamados archivos intermedios (que en ocasiones no reúnen todas las condiciones necesarias para conservar adecuadamente la documentación). En esta situación, y aún pasados los 50 años que marca la Ley de Patrimonio Histórico, a muchos papeles parecería que no les llegara nunca la hora de pasar a los archivos públicos, porque se quedan bajo la Ley de Secretos Oficiales, la cual seguramente se aplica con un criterio político, y por tanto discutible, al menos en ciertos casos. Esta situación genera un gran perjuicio para el análisis y el conocimiento históricos, porque limita o directamente frustra muchas investigaciones. La administración competente, como es lógico, tiene capacidad discrecional para clasificar un determinado documento como sensible para la seguridad nacional, pero esta facultad se estaría aplicando con brocha gorda en lugar de con el deseable criterio selectivo. Desde luego, en muchos casos no parece que impere una alta cultura de la transparencia y la responsabilidad ante la sociedad en el manejo de documentos, pudiendo incluso existir, por parte de determinados organismos, un sentimiento de propiedad sobre sus documentos  susceptibles de desclasificación, lo que permite que estos queden retenidos indefinidamente en sus almacenes sin que ni siquiera se pueda saber públicamente cuál es su “asunto” o título, su fecha y su organismo redactor. Frente a esto, hay que conseguir mejorar el cumplimiento de la ley (o mejorar la propia ley) en lo referente a la disponibilidad de los documentos de todo tipo cuando ha finalizado el plazo legal ordinario que impide hacerlos públicos. Luego, cuando por fin estos llegan a los archivos, hay que garantizar que existan los medios humanos y técnicos que permitan describirlos y organizarlos con rapidez y eficacia…y esto nos lleva al siguiente punto.

3.     Existe en alguno de los archivos visitados falta de personal, presupuesto y máquinas para digitalizar que sean modernas y que funcionen bien, así como criterios universales y duraderos (no cambiantes) para describir y digitalizar las fotos, mapas y documentos. El tema de los presupuestos insuficientes es seguramente grave y persistente, pero la inteligencia y la racionalidad aplicadas a la gestión de archivos puede compensar incluso grandes carencias. Reitero que en el fondo lo que estaría faltando es compromiso y aprecio por los archivos militares en los niveles altos de decisión política. Señalando siempre el incremento de las plantillas estables como la mejor solución, entre los medios temporales disponibles para paliar la falta de personal y fondos podría considerarse la firma de convenios con las universidades, para que estas cedan alumnos de las carreras de Historia, Documentación y Biblioteconomía, etc. que se pongan a disposición de quienes conocen mejor cada archivo y sus necesidades, ya sea de manera voluntaria o a cambio de créditos en las respectivas carreras. También los investigadores podríamos poner nuestro granito de arena. Todavía queda por leer y describir mucho papel, confeccionar bases de datos nominales, intentar identificar lugares y personas que aparecen en cientos de fotos y por último, escanear todos los documentos que faltan. Esto permitiría, por ejemplo, que un investigador que haciendo un esfuerzo personal y económico se desplace hasta Ávila desde cualquier parte del mundo (el archivo y la ciudad lo merecen), encuentre relativamente rápido lo que busca o pueda concluir que eso no existe, sin riesgo a equivocarse. 
 
4.     Por último, se echa de menos la existencia de una serie de facilidades y alicientes para la investigación, tales como:

-             Trabajar sistemáticamente para mejorar el muy útil Portal de Patrimonio Cultural de la Defensa, especialmente su apartado de búsqueda por fondos en archivo, donde figura (o debería figurar) toda la información disponible sobre los archivos militares existentes en el país. De entrada, sería muy bueno poder tener al menos una mejor descripción de los documentos recogidos en el índice general de cada archivo, siendo la meta final poder acceder desde la distancia a la parte de los mismos que ya se encuentre descrita y digitalizada. Esto exigiría un trabajo ingente de catalogación, descripción y digitalización, además de una política de difusión y acceso a la información muy distinta a la actual, pero sin duda nos pondría en primera división en cuanto al manejo de estos recursos. Como ejemplo en el que buscar inspiración, los fondos del Archivo Estatal Ruso de Historia Socio-Política (RGASPI) son accesibles de este modo, y además gratuitos. Los investigadores que los consultamos estamos encantados con esta política de acceso tan abierta. De otra forma, sólo los investigadores consagrados o ricos podrían acceder a ellos, porque sería imprescindible viajar a Moscú para verlos.  

-             Volver a poner a disposición de los investigadores (aunque fuera por vía telefónica) un servicio de  coordinación, ayuda y orientación  que, conociendo bien los fondos de TODOS los archivos militares (y si puede ser, también los civiles), fuera capaz de señalar a cada cual por dónde puede iniciar una investigación o encontrar nuevos documentos de su interés. Esto, según nos han contado los archiveros, ya existió: era la Unidad de Coordinación de Archivos Militares, que estaba atendida por ellos. Existió, pero ya no existe porque su personal fue transferido a otro departamento, quedando de manifiesto, bajo mi criterio, la falta de voluntad política para desarrollar los archivos militares.  A pesar de la existencia del ya citado (y mejorable) Portal de Patrimonio Cultural de la Defensa, lleva años familiarizarse con los archivos y descubrir de manera afinada cuál es su temática y contenidos, lo que perjudica la calidad de muchas producciones, que se terminan cerrando antes de tiempo, sobre todo si son internacionales. Un asesor específico y personalizado, presencial o telefónico, no tiene por qué ser tan difícil de implementar. En el Archivo General de la Administración (AGA), de Alcalá de Henares, existe esta figura, y los resultados (comprobados en primera persona) son espectaculares. Sin su ayuda yo hubiera salido casi de vacío de allí, a pesar de mis repetidas visitas.  

-             Podrían ponerse uno o dos días a la semana en que exista horario de mañana y tarde (como ya pasa en el Centro Documental de la Memoria Histórica – CDMH, de Salamanca). Hay que tener en cuenta que cuesta mucho tiempo y dinero desplazarse fuera de la propia localidad (o país) para investigar, de forma que una jornada de estudio larga se vuelve  mucho más rentable que una corta. Si, como según parece, hay 23 archiveros técnicos para atender 28 archivos militares (entre históricos e intermedios), resulta fácil ver dónde está una de las claves de esta limitación.

-             Sería muy bueno instituir ayudas y premios al mérito en investigación o publicación, para motivar la utilización de los fondos disponibles.

Seguramente se podrían encontrar más cosas mejorables en la gestión de los archivos militares, pero según mi experiencia personal, al menos estas serían evidentes. España es sin duda una potencia en materia de archivos, pero no basta con tenerlos, hay que cambiar el enfoque con el cual las instituciones los administran, empezando por actualizarlos, darles prestigio, visibilidad y abrirlos al mundo universitario y de los investigadores nacionales e internacionales. Toda inversión y esfuerzo que se hiciera en esta materia sería recompensada con creces a medio y largo plazo: la cultura y el conocimiento militares atesorados verían la luz con mayor frecuencia y calidad, lo que redundaría por ejemplo, en prestigio y en fortaleza editorial. Además, se podría incluso empezar a hablar de un “turismo documental”, que sin duda pasaría desapercibido en Madrid, pero que posiblemente se dejaría sentir en la interesante pero apagada ciudad de Ávila, donde cada viandante que recorre su zona histórica o usa sus bares, hoteles o restaurantes es precioso. Frente a esto, en los archivos militares, por ejemplo, no se ha emprendido ninguna actividad cultural o divulgativa vinculada al 80 aniversario del inicio la Guerra Civil Española, siendo este seguramente de uno de los conflictos sobre los que más se ha escrito en el mundo. No sirve  de nada tener las mejores fuentes documentales de la GCE si sus mayores responsables políticos no mueven ni un dedo por darles difusión. Es totalmente incomprensible que pase esto.

Hay que corregir esta situación anómala haciendo un significativo esfuerzo por situarnos la altura de nuestra responsabilidad. Costará algo de dinero, pero el verdadero desafío es que requerirá mucha planificación, persistencia, talento y método. Gente bien formada para acometer esta tarea existe sin duda y está deseando poder ejercer su profesión y su vocación. ¿Seremos capaces de forzar las decisiones políticas necesarias para que esto pueda ocurrir? Confío en que sí, siempre que recordemos unir esta reivindicación al resto de las que continuamente hacemos en materia de conservación del patrimonio histórico y cultural vinculado a la GCE. 



Ernesto Viñas.
05/08/17   

       



jueves, 29 de junio de 2017

La foto del coche de Gerda Taro




Gerda Taro, seudónimo de Gerta Pohorylle, nacida en Stuttgart, Alemania en 1910, fue una pionera periodista gráfica de guerra y pareja sentimental del fotógrafo Endre Ernö Friedmann.

Juntos fotografiaban con el pseudónimo Robert Capa, siendo difícil saber qué fotos son de cada uno. Es considerada la primera fotoperiodista mujer que cubrió un frente de guerra y la primera en fallecer al llevarlo a cabo.

Gerda Taro perdió la vida en un accidente durante el repliegue del ejército republicano. Al final de la batalla de Brunete, se subió al estribo del coche del General Walter, un brigadista de origen polaco. En un momento dado, unos aviones enemigos volando a baja altura hicieron que cundiera el pánico en el convoy. Gerda cayó al suelo. En ese momento un tanque republicano hizo marcha atrás y la oruga del tanque la destripó. Fue trasladada urgentemente al hospital inglés de El Goloso en El Escorial. Allí murió pocas horas después, en la madrugada del 26 de julio de 1937, seis días antes de cumplir 27 años.



El Escorial: estación del ferrocarril y el hospital inglés 

de El Goloso donde murió Gerda Taro
(Foto: Archivo Brunete en la Memoria)



Su cuerpo fue trasladado a París, donde recibió todos los honores como una heroína republicana. Sus restos se encuentran enterrados en el Cementerio del Père-Lachaise en París.

“La foto del coche de Gerda Taro” que ha llegado a manos de Sven Tuytens, miembro de Brunete en la Memoria, le fue entregada por Greet Brauwers, realizadora belga de un documental sobre la vida de Mathieu Corman, un periodista belga que realizo varios viajes a España para cubrir la Guerra Civil Española.



Foto del archivo de Mathieu Corman tomada en febrero de 1938.
Foto: Archivo Familia Corman



Corman fue el primer periodista que entró en Guernica después del bombardeo nazi.
En febrero de 1938, a raíz del viaje oficial del belga Emile Vandervelde, presidente de la Internacional Socialista a España, Corman visitó el frente de Madrid.



Mathieu Corman sobre Guernica en "Ce Soir"


Alfonso del Barrio, director de la revista FV (Foto y Video), fue quien le envió a Sven Tuytens un texto del escritor canadiense Ted Allan, que señala la ubicación del accidente al norte de Villanueva de la Cañada.



"Entre Villanueva y Brunete, el punto negro: 
el coche de Gerda Taro, (firmado por Corman)"
(Foto: archivo familia Corman)



El texto de Ted Allan aclara lo suiguiente: «Gerda había conseguido un coche para que la llevase a Brunete. Gerda estaba esperando junto al coche. Llevaba puesto un mono caqui y su cabello pelirrojo suelto». (…) «El conductor detuvo el coche cerca de Brunete. “Vale, es ahí” dijo señalando hacia el pueblo». En la foto de Corman, el vehículo esta ubicado al sur de Villanueva de la Cañada en dirección de Brunete. Lo que demuestra que el coche de Gerda Taro es el que aparece en la foto de Corman y no el del general Walter.

Según Ted Allan el General Walter invita a Gerda a marcharse, pero esta buscó cobijo en una ladera próxima. Se produce entonces el bombardeo. Si el coche se hubiese quedado esperándola, al empezar el bombardeo, el conductor habría abandonado el coche de forma inmediata, ya que en el bombardeo de una carretera es un blanco seguro.

En la foto de Corman el coche parece indemne, por lo que no debió recibir castigo. Según Parra se puede ver en la foto la parte trasera del coche, se intuye la ventana trasera. El morro está apuntando hacia Brunete.

Resumiendo, lo que vemos, como se indica en la parte posterior de la foto, es el coche de Gerda Taro, el que la llevó al frente. En el momento que la foto es tomada en febrero del 38, el coche se encuentra en tierra de nadie entre la primera línea republicana al sur de Villanueva de la Cañada y la línea franquista al norte de Brunete.

Sven Tuytens & Ernesto Viñas
















martes, 13 de junio de 2017

A Villanueva de la Cañada le cuesta asumir su historia.


trincheras en Villanueva de la Cañada

La primavera del año pasado, en Brunete en la memoria recibimos una invitación de algunos concejales del gobierno municipal de Villanueva de la Cañada (PP en mayoría absoluta) para mantener una reunión informal sobre los restos de la guerra civil presentes en ese municipio y las rutas que estábamos guiando desde tiempo atrás. Poco antes, recuerdo que habíamos ayudado a encontrar localizaciones para un documental de la BBC de Gales y habíamos estado caminando por los fortines y trincheras con alumnos y profesores de un intercambio con Francia, y la experiencia les había encantado. Posiblemente, todo eso había llegado a los oídos del gobierno local y naturalmente, querían saber más.

Fuimos “light”

Tras esta alentadora reunión, y tratando de satisfacer al máximo el interés mostrado por un ayuntamiento en principio "difícil" para los temas ligados con la memoria histórica, redactamos un informe bastante detallado con la lista de elementos a proteger y dignificar y un esbozo de estrategia cultural y turística en torno a este patrimonio. En cuanto a lo que pudiera tener alguna significación política, fuimos lo más "light" que nos permiten nuestros principios; ya que sabíamos lo sensible que suelen ser en el partido al que pertenece ese gobierno local con estos temas. Este informe lo entregamos a través del registro de entrada del ayuntamiento; era mayo de 2016.

Proyecto de interés cultural y educativo

Casi un año más tarde, en febrero de 2017, dos arqueólogos, dos profesores de historia en secundaria y las dos personas que formamos Brunete en la memoria, solicitamos y obtuvimos una reunión formal con el alcalde y la concejala de Educación de Villanueva de la Cañada para proponerles un plan que nos sigue pareciendo de altísimo interés cultural, educativo y patrimonial. Se trataba de excavar y recuperar un conjunto de restos republicanos consistentes en dos o tres fortines y una cueva revestida con ladrillo que quienes escribimos esto  "descubrimos" e identificamos a la entrada de Villanueva de la Cañada en una de nuestras salidas al campo. 



restos de la batalla de Brunete cerca de la urbanización "La Pasada" en Villanueva de la Cañada


Tres institutos de secundaria de Villanueva de la Cañada

La idea que estas seis personas pusimos sobre la mesa del alcalde, Luis Partida, era hacer una excavación en la que participaran los alumnos de 1º de bachillerato de tres institutos de secundaria del municipio, con la supervisión y asesoramiento de dos reputados arqueólogos, una empresa del ramo y la ayuda de Brunete en la memoria para los temas de comunicación. Al alcalde le pedimos básicamente dos cosas: ayuda logística y jurídica, y una aportación económica de 10.000 euros para pagar a los profesionales y a la empresa arqueológica que iban a trabajar durante cerca de un mes. A cambio, estábamos poniendo en las manos de Villanueva de la Cañada unos restos formidables que pueden resultar muy atractivos para el visitante, y una actuación de gran valor educativo, casi vanguardista dentro del pobre panorama que ofrece actualmente la Comunidad de Madrid en relación con los restos de la GCE. 

No hay presupuesto

La respuesta que nos dio el alcalde, de entrada no incluyó, como hubiera correspondido y nos hubiera gustado, ninguna mención a la recepción o al contenido del documento de 4 páginas entregado por Brunete en la memoria en mayo de 2016. De hecho, todavía no nos ha contestado tampoco ninguno de los concejales con quienes nos reunimos entonces. En cuanto a la iniciativa educativa y arqueológica concreta que le llevamos en mano las seis personas allí presentes, la valoración del regidor nos pareció decepcionante, para lo que íbamos preparados, pero también torpe, lo que nos resultó más sorprendente. Nos cuesta creer que rescatar un fortín de la GCE provoque tal desazón o incomodidad a los mayores del pueblo que la recuerden todavía en primera persona que invite a no hacerlo, y no nos creemos que un municipio con los recursos de Villanueva de la Cañada no disponga de 10.000 euros para gastarlos en salvar parte de su patrimonio más viejo (el pueblo quedó arrasado en la batalla de Brunete) y en la educación de sus alumnos. Por último, tanto el Sr. Partida como nosotros sabemos que la Comunidad de Madrid, a la que dijo que iba a apelar para proteger estos fortines y esta cueva, posiblemente no actúe de ninguna manera, porque con su última ley de protección del patrimonio ha transferido esta responsabilidad a los municipios. Sí nos resultó más convincente cuando dijo que Villanueva de la Cañada, al menos mientras él sea su alcalde, tiene suficiente prestigio y proyección exterior a través de otros elementos diferentes a los vínculos con la GCE. En nuestra opinión, ambas cosas no son excluyentes, mientras que en la suya, parece que sí.

Gerda Taro

En conclusión, mantenemos la mano tendida para colaborar con Villanueva de la Cañada y con cualquier otro municipio que quiera reconocerle el valor que tienen los restos y la memoria inmaterial de la GCE, pero al mismo tiempo, tomamos la iniciativa y redoblamos nuestro trabajo en favor de la memoria histórica y democrática. El 1º de julio comenzaremos la marcha memorial de la batalla de Brunete cerca de estos fortines y cerca del lugar donde estamos convencidos que fue atropellada Gerda Taro. Esta es la mejor manera a nuestro alcance para darle a estos lugares la dignidad y el valor que se merecen. Los alcaldes pasan, la memoria republicana permanece.




El proyecto

Los restos de las fortificaciones de La Pasada 
(Villanueva de la Cañada)
proyecto educativo y arqueológico



I.              Introducción. Los restos de la Batalla de Brunete en Villanueva de la Cañada: un proyecto educativo y arqueológico

En el curso 2015- 2016 el Lycée Molière de Villanueva de la Cañada, como otros muchos liceos en Francia, acometió un proyecto educativo, que tenía como eje la conmemoración del principio de la Primera Guerra Mundial. Para dar una idea de lo que fue la guerra de trincheras utilizaron su entorno natural más próximo y visitaron los restos de la segunda la línea defensa republicana, posterior a la Batalla de Brunete, ubicada en el extremo NO de nuestro término municipal como ejemplo y paralelo histórico de lo que fue más característico del enfrentamiento bélico que fue una verdadera guerra civil europea hace ahora cien años.

Presentamos un proyecto educativo, más ambicioso aún, puesto que aúna el interés formativo con la posible puesta en valor de restos inéditos y en apariencia bien conservados de la Guerra Civil española en nuestro término municipal.

Para realizar esta diseño, que ha sido madurado durante varios meses, aúnan sus esfuerzos el Lycée Molière, el Colegio Internacional Kolbe y el IES Las Encinas de Villanueva de la Cañada. Al final adjuntamos cartas de ambos directores, que explican por qué creen imprescindible acometer este proyecto.





carta del Lycée Molière de Villanueva de la Cañada




Nuestra idea es que los alumnos de Historia de España de 2.º de Bachillerato / Terminal y de Historia del Mundo Contemporáneo de 1.º de Bachillerato de los dos centros educativos participen, durante una semana cada uno, en la experiencia de una excavación arqueológica y en la recuperación de restos de trincheras, bajo el control y la dirección de una de las empresas de arqueología que más están haciendo por la recuperación de la Historia de nuestra zona, Gabark 2013, responsables de la excavación de la necrópolis visigoda y ermita medieval de San Babilés, en el vecino municipio de Boadilla del Monte, proyecto impulsado por su Ayuntamiento y la Hermandad de San Babilés, que, tras dos campañas, está dando ya sus frutos en forma de visitas turísticas al lugar[1].



Para todo ello nos es imprescindible la ayuda del Excelentísimo Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, que ha de ser el impulsor del proyecto y quien facilite los trámites, hablando con los propietarios de los terrenos afectados, para que nos permitan realizar las excavaciones. Se trata del borde de parcelas agrícolas, en los que la presencia de restos en superficie ha impedido en gran parte el cultivo y de un antiguo vivero abandonado, por lo que no vamos a afectar al uso tradicional del suelo. Además, la actividad se realizaría al final de la primavera, en un momento en que la cosecha de cereales suele haber sido ya realizada.


II.  La Batalla de Brunete y Villanueva de la Cañada

De todos los municipios del oeste de Madrid que fueron campo de batalla en julio de 1937, en lo que dio en llamar la Batalla de Brunete, Villanueva de la Cañada es seguramente, uno de los pocos que alberga en su suelo posiciones defensivas que fueron utilizados por ambos ejércitos.
Vamos a pasar revista de forma rápida y narrar los acontecimientos más relevantes de aquellos días, para mejor poder ubicarlos en los rincones de nuestro municipio.





  

A.- Antecedentes históricos. Desarrollo de la Batalla de Brunete (6-25 de julio de 1937).

Brunete fue – si hacemos excepción de la temprana Batalla del Jarama- la primera gran batalla campal de la guerra civil española.
La República pudo preparar un ejército de maniobra aparentemente bien organizado y dotado de medios que, en el desarrollo del combate, mostró las deficiencias de las que adolecía. Fue también la primera gran ofensiva republicana, con ambiciosos propósitos que no pudieron alcanzarse debido a distintos factores.
En el otro lado es evidente que el ejército de Franco tenía la ventaja de contar con unos mandos preparados técnicamente y bien curtidos en las lides bélicas y tropas mejor entrenadas.[2]



Villanueva de la Cañada, pueblo fortificado.

La rápida posesión de Villanueva de la Cañada era crucial en el éxito de la ofensiva republicana, ya que por esa población pasaba la única carretera que podía suministrar a las fuerzas que debían adentrarse en profundidad en el dispositivo enemigo.


El ataque republicano iba a producirse en una zona favorable, ya que el río Guadarrama era el punto de enlace o sutura entre ambos cuerpos de ejército… En la franja de 13 kilómetros situada entre el Guadarrama y el Perales no había una defensa continua y los amplios espacios estaban cubiertos por patrullas móviles, si bien se había creado un buen sistema de defensas circulares, con alambradas, en los puntos fuertes de Villanueva del Pardillo, Villanueva de la Cañada, Quijorna y el Cerro de los Llanos. El jefe de sector, el teniente coronel Mancebo, tenía su puesto de mando en Brunete[3].”


La resistencia durante diecisiete horas de la guarnición nacionalista de nuestra localidad, impidió la llegada a la 11ª división de Líster de los medios de fuerza que necesitaba perentoriamente y retrasó en más de 24 horas el avance de la 15ª división sobre las alturas situadas al este del Guadarrama.




La guarnición que defendía Villanueva de la Cañada.

Desde mayo de 1937 Villanueva de la Cañada estaba defendida por la 2ª bandera de Falange de Sevilla; su jefe era el comandante Miguel Pérez Blázquez y la componían cuatro compañías de fusiles y una de ametralladoras. En total una fuerza de 800 hombres a los que había que agregar las dotaciones de artillería, transmisiones y otros servicios que sumarían casi el millar.
El capitán de artillería Álvarez Lasarte estaba al frente de una batería del 10,5 con dos piezas en Villanueva y otras dos en el castillo de Villafranca.

La población estaba rodeada por un perímetro circular y discontinuo de trincheras con alambradas en el sector norte. Ante las informaciones recibidas sobre un ataque republicano inminente, el mando de la 75ª división envió el día 5 de julio 1937 dos piezas antitanque con su dotación, entre los que se contaba un experto alemán. Aquella noche, Pérez Blázquez ordenó a los defensores que ocuparan sus puestos en los lugares asignados.[4]

Entrada polvorín "La Pasada"



Villanueva de la Cañada estaba rodeada
antes de la ofensiva republicana
por un perímetro circular y discontinuo
de trincheras con alambradas y fortificaciones
 en el sector norte, mirando a las líneas republicanas (en azul).
Las fortificaciones situadas al sur del casco urbano
son posteriores a la batalla, afrontando las nuevas posiciones
del ejercito de Franco (en rojo).






Después la Batalla de Brunete: La primera línea defensiva republicana al sur de Villanueva de la Cañada.

La batalla estaba terminada el 27 de julio. El Diario de Operaciones del Estado Mayor Central republicano establece la posición final del frente al sur de Villanueva de Cañada:
…un centro de resistencia al Norte de la Casilla de Peones Camineros de la carretera de Villanueva de la Cañada a Brunete.”[5]




III.                  Villanueva de la Cañada: Las fortificaciones de La Pasada

Previamente a este trabajo, uno de nosotros, Sven Tuytens, encontró casualmente en el campo restos de lo que parecían ser elementos defensivos, que podrían corresponder a la Batalla de Brunete. Un poco después los dos firmantes del proyecto efectuaron una prospección superficial de la zona, encontrando restos evidentes de varios elementos distintos.





Según un especialista en el tema[6], los restos de guerra civil que es posible encontrar se deben clasificar en una de las siguientes categorías:

1.Obras de fortificación militar:
Trincheras, nidos de ametralladora o fortines, asentamientos artilleros, blocaos, bunkers, refugios de campaña, depósitos de municiones, zanjas y otros, obstáculos, etc.

2.Puestos de mando y observación.

3.Refugios civiles contra bombardeos.

4.Escenarios bélicos donde se hayan producido batallas importantes o acciones de algún significado especial.

5.Monumentos o lápidas conmemorativas de algún grupo o personaje o indicador del lugar donde reposan sus restos.

6.Restos de instrumental bélico y otros: todo tipo de armas y municiones, equipamiento personal (cascos, correajes, uniformes, palas…), equipos de transmisiones y de megafonía, octavillas, volanderas (guerra de propaganda), etc.

Salvo la segunda y la quinta hemos localizado casi todo en nuestra prospección.





Fortín B: restos entrada al fortín

En la parte SE de Villanueva de la Cañada, al S de la urbanización La Pasada y al O de la carretera E-600 Villanueva de Cañada-Brunete, se encuentra una concentración de restos de la batalla de Brunete: Obras de fortificación militar, un puesto de observación, restos de instrumental bélico y otros.
Las líneas rojas representan restos el trazado de antiguas trincheras. El punto más al sur de estas trincheras republicanas, formaba la primera línea de defensa republicana al sur de Villanueva de la Cañada. Apenas a 300 metros al sur se encontraban los primeros puestos del frente del ejército de Franco.



Sven Tuytens Bernaerts, Ernesto Viñas Costantino & Jesús Rodríguez Morales











[1] http://ayuntamientoboadilladelmonte.org/visitas-al-cerro-de-san-babiles
[2] Severiano MONTERO BARRADO, 2009: La Batalla de Brunete, Editorial Raíces, pp. 278 y  284.
[3] Ibid. p. 49.
[4] Severiano MONTERO BARRADO, 2009: La Batalla de Brunete, Editorial Raíces, pp. 83-85.
[5] Severiano MONTERO BARRADO, 2009: La Batalla de Brunete, Editorial Raíces, p. 207.
[6] Severiano MONTERO BARRADO, Arqueología de la guerra civil en Madrid, Historia y Comunicación Social 6 (2001), pp. 97-122.