miércoles, 11 de enero de 2017

Defensa lejana de Madrid: el frente del agua.

Si miramos las necesidades de la sanidad militar o civil, o simplemente las posibilidades de resistencia de una ciudad habitada por cientos de miles de personas, y asediada como estuvo Madrid entre noviembre de 1936 y marzo de 1939, veremos que el suministro de agua potable es una de las cuestiones que se deben asegurar ineludiblemente: no hay resistencia sin agua.  

Al hablar de agua potable y canalizada es obligado recordar como esta brilló por su escasez e incluso por ausencia total en primera línea durante largos periodos en la batalla de Brunete, conocida también como “batalla de la sed” por muchos combatientes. Pero en este artículo no vamos a hablar de eso, sino de la situación global de Madrid en relación con el suministro de agua de calidad, que en tiempos de paz era perfectamente viable en esta ciudad privilegiada por su cercanía a la sierra y a varios ríos, entonces limpios y mucho más caudalosos que hoy.

Ciertos documentos republicanos de los años 1937 y 1938 encontrados hace poco en el Archivo Militar de Ávila (AGMAV) confirman que el Madrid en guerra se abastecía de agua principalmente del río Lozoya, sobre el que tenían una importancia absoluta los embalses de Puentes Viejas y del Villar, consecutivos y con el primero aguas arriba del segundo. Estos dos embalses quedaron desde el principio en manos del ejército republicano, pero Puentes Viejas por los pelos, ya que el frente de combate quedó fijado posiblemente menos de un kilómetro de su muro, y no por casualidad. Todavía hoy, basta dar un simple paseo por el pinar que existe entre Puentes Viejas y el pueblo de Paredes de Buitrago para descubrir la más tupida red de trincheras de ambos ejércitos que uno pueda imaginar. En esa densidad de fortificaciones, las que estuvieron a cargo de la 1ª división del I cuerpo de ejército republicano tuvieron una función muy clara; cerrar a cualquier precio el paso al ejército franquista frente al principal punto de acumulación de agua destinada a Madrid. Quien dominara Puentes Viejas podría decidir en buena medida si Madrid tendría el agua canalizada que necesitaba o pasaría sed. 


Posiciones fortificadas de ambos ejércitos inmediatas a la presa, 
las más próximas son republicanas. 
Estuvieron a cargo de la 26 brigada mixta 
de la 1ª división (foto: CECAF)


En octubre de 1937, fecha del primer documento encontrado, parece que a pesar de la guerra el abastecimiento de agua estaba funcionando bastante bien en la capital, pues no se habla de restricciones masivas al consumo. Para garantizar esta situación, la cercanía de las líneas de fuego respecto a la presa de la cabecera del Lozoya obligaba a tener previstas una serie de  alternativas para el caso de que la situación táctica cambiara allí a peor para los republicanos. Las hipótesis que estos contemplaban y sus correspondientes medidas paliativas eran las siguientes:

1º. Para el caso de pérdida de la presa de Puentes Viejas en la época del año en que la del Villar tenía menos agua, se había montado un dispositivo que permitía abrir y bloquear las compuertas de la primera antes de abandonarla, de tal modo que para cuando el enemigo fuera capaz de cerrarlas, ya se habrían llenado las presas del Villar y del Pontón.

2º. Previendo el mismo caso (la ocupación) de la presa del Villar, se habían fijado sus compuertas, de tal modo que aunque el enemigo accediera a todos los mecanismos, tampoco sería capaz de cortar el agua hasta pasadas varias semanas.

3º. Si a pesar de todo lo anterior, el enemigo hubiera sido capaz de cortar el agua del Villar en un plazo corto, se había previsto otra toma de agua mucho más abajo en el mismo río Lozoya, para lo cual había sido reparado el Canal Antiguo y se había dispuesto una estación de cloración en él.

4º. Para el caso eventual de que el enemigo ocupara algún punto del Canal Antiguo, se había hecho un enlace entre el canal de Santillana y el Nuevo Canal, de tal forma que el agua de Santillana, sacada del embalse de Manzanares, pudiera ser traída a Madrid usando la conducción del Lozoya. El tramo de enlace tenía menos capacidad que el Canal del Lozoya, pero era suficiente para cubrir un abastecimiento restringido.

5º. Como esta última conducción también tenía puntos vulnerables, se proyectó hacer otra instalación que permitiera traer agua desde el punto del Jarama que el Mando considerara más conveniente. La interrupción de las obras hídricas provocada en noviembre de 1936 por la salida de Canales de sus ingenieros, para ponerse a dirigir las urgentes obras de fortificación de Madrid, impidió que tomara más vuelo esa idea. Asimismo, se estuvo dejando sentir una perjudicial desconexión entre el Mando militar y quienes manejaban los dispositivos mencionados. 


Posiciones fortificadas de ambos ejércitos inmediatas a la presa, 
las más próximas son republicanas. 
Estuvieron a cargo de la 26 brigada mixta 
de la 1ª división (foto: CECAF)


En agosto de 1938, casi un año más tarde, la Delegación del Gobierno de la República en los Canales del Lozoya recibe esta carta de esa empresa pública, que anteriormente se llamaba Canal de Isabel II:

“Probablemente en el día de mañana se llegará en el embalse de Puentes Viejas a la cota de nivel de agua mínima que el Estado Mayor dispuso que no se permitiera disminuir, con objeto de mantener un foso que dificulte la comunicación entre los dos márgenes del río Lozoya. Respetando naturalmente esa medida, asumimos que hay que empezar a gastar el agua del embalse del Villar, completamente lleno, pero que no contiene más que 23 millones de metros cúbicos, suficientes únicamente para los meses de septiembre y octubre. Si llueve antes del final de octubre, no habría necesidad de pedir una modificación de aquella medida al mando militar, pero si no llueve, sí, porque ni conviene proponer un régimen de restricciones (sumamente molesto para el vecindario y que produce poca economía), ni se debe consagrar un estado de apuro y escasez que no existe realmente, ya que disponemos en Puentes Viejas de otros 23 millones de metros cúbicos con los que puede prolongarse el abastecimiento de Madrid otros dos meses. Llegado ese momento, finales de diciembre, tenemos la seguridad de que ya habrá habido lluvias.
Por otra parte, desde el punto de vista sanitario, conviene siempre para el abastecimiento que se mantenga el mayor volumen posible de agua en el Villar, razón por la cual nuestro criterio de suministro ha sido siempre el de mantener este último lo más lleno posible y dar el volumen diario a Madrid mediante el aporte de Puentes Viejas al Villar, volumen que experimenta una autodepuración gracias a su lento discurrir a lo largo de los 9 kilómetros embalsados creados por esta última presa.   
Como a la lectura de estas consideraciones podrá objetarse que en el pasado año no se hizo esto que ahora pedimos, queremos recordar que constantemente esta Delegación estuvo proponiendo al mando militar la modificación de su medida (guardar un determinado volumen embalsado en Puentes Viejas por imperativo táctico), fundándose en razones de orden sanitario (calidad del agua) y para intentar evitar las restricciones de suministro, que finalmente hubo que imponer. Además de las dos razones expuestas, este año tenemos otro motivo de preocupación, y es que este verano hemos tenido un gran estiaje (disminución de caudal por escasez de lluvias), lo que ha impedido que durante julio entrara en el embalse superior (Puentes Viejas) el volumen que otros años permitía reponer el gasto de los embalses situados aguas abajo. De esta forma, en el año en curso, 1938, estamos consumiendo en Madrid exclusivamente agua embalsada.

En consecuencia, y fundándonos en las razones siguientes: 1ª, inconveniencia y poca utilidad de un régimen de restricciones. 2ª, ventajas para el aspecto sanitario del suministro. 3ª, inseguridad acerca de cuando llegarán las primeras lluvias; nos permitimos proponer que este asunto se someta al estudio del Estado Mayor Central, para que modifique la medida relativa a la altura del agua en Puentes Viejas, permitiendo que descienda paulatinamente el nivel de este embalse hasta que haya precipitaciones, o fijando una nueva cota, algo inferior a la actual”.


Presa de Puentes Viejas durante la Guerra Civil (Foto: CECAF)


En octubre de 1938, la Comandancia General de Ingenieros (sería la del Ejército del Centro) dirige un comunicado secreto a la Delegación del Gobierno de la República en los Canales del Lozoya.

“Desde el comienzo de la guerra, y en previsión de un ataque enemigo sobre los embalses del Lozoya, se pensó en tomar medidas que aseguraran el aprovisionamiento de agua de Madrid, habiéndose dispuesto las siguientes precauciones:

Presa de Puentes Viejas. Se ha instalado un dispositivo eléctrico de apertura de compuertas utilizable ante la circunstancia de tener que abandonar esta presa sin estar llena la del Villar. En este caso se vertería en esta última un gran volumen de agua, ya que el enemigo no podría cortar el caudal durante un buen rato. Para poder hacer la operación descrita se necesita operar desde la torre intermedia de la presa, razón por la que se ha trasladado a la misma un motor de 4 HP, se ha dispuesto la instalación del cable de baja y se ha colocado el interruptor correspondiente en la caseta del transformador. Por el contrario, a día de hoy todavía no se han tomado las precauciones necesarias para garantizar la protección contra el fuego de la artillería del cable que activa a distancia las compuertas de apertura, ya que este va tirado por una zanja de solo 30 centímetros de profundidad. El interruptor por contra sí ha quedado perfectamente protegido por el blindaje de la caseta del transformador, pero lo que carece de protección es la entrada de la línea eléctrica al transformador, resultando ineficaces todas las medidas que se pudieran tomar para abrir las compuertas si el enemigo, conociendo este punto débil, concentrara su fuego artillero sobre dicho punto.  

Presa del Villar. Las compuertas están fijas y sin vástagos a excepción de la que alimenta el canal. Los desagües han sido taponados por medio de muros de hormigón.

Canal Antiguo. En el caso de que la presa del Villar vertiera por efecto de la maniobra de Puentes Viejas (en este supuesto, por haberse perdido Puentes Viejas, se le habrían abierto las compuertas eléctricas, llegando al Villar tal cantidad de agua que rebosaría por encima del muro de la presa) se aprovecharía este caudal reteniéndolo en las presas de la Parra y Pontón de la Oliva, para lo cual se ha reparado el Canal Antiguo.

Enlace con Santillana. En previsión del caso de ocupación por el enemigo de las cabeceras de Canales del Lozoya, se han unido por medio de un canal descubierto, a la altura del kilómetro 11 de la carretera de Fuencarral a Colmenar Viejo, las conducciones de agua del Nuevo Canal (Canales del Lozoya) y el sifón de Santillana (Hidráulica de Santillana). Para ello se realizaron en el sifón de Valdegodinos (Colmenar Viejo)  obras de ampliación, consistentes en la instalación de una doble tubería de hierro fundido de 91,5 centímetros de diámetro y en la construcción de una caseta en la que debería instalarse una bomba de impulsión que permita aumentar el caudal en el sifón de toma del kilómetro 11. Como una  parte de estas precauciones están todavía sin llevarse a la práctica, ruego a V. E. que si lo estima oportuno, ordene que todas estas medidas se pongan en vigor y me informe de cualquier particularidad al respecto”.



Ernesto Viñas.

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